#SUEÑOSDEGLORIA

El último pensamiento antes de que hiciera oficial el nombre del ganador fue para su madre. A nadie, más que a ella, le hubiera encantado la idea de asistir a la gala de la entrega de premios. Cerró los ojos y la vio sentada a su lado, como si no hubieran transcurrido once años desde su partida al reino de los recuerdos, vestida con ese traje que solo usaba para las grandes celebraciones familiares, sin abandonar su eterna sonrisa y henchida por el orgullo de ver, por fin, triunfar a su hijo.

A estas alturas de la gala, la identidad del ganador era un secreto a voces entre los corrillos literarios. Él seguía con los ojos cerrados. Sentía la mano de su madre entre las suyas a la espera de que el presentador pronunciara su nombre. De haber estado junto a él, le hubiera apretado la mano con cariño al levantarse. No resultaría sencillo librarse de sus besos y abrazos, pero tendría que hacerlo para comenzar a caminar. Y aún después de zafarse del abrazo del oso, no dejaría de sentir el peso de su mirada camino del escenario, donde le esperaba la carísima sonrisa con pómulos de plástico del esposo de la editora, aplaudiendo con efusividad a la espera, como en los últimos años, de hacer los honores al ilustre escritor.

Había preparado a conciencia el momento de los agradecimientos, ensayado hasta el último de los detalles. Incluso tenía el lugar preparado en la estantería del salón para albergar el pesado trofeo. Nada podía fallar.

¿Nada?

La voz del presentador sonaba lejana. Abrió los ojos. Solo en el último instante fue consciente de sus palabras.

—… y el ganador es…

Ya no recordaba el nombre que dijo. Solo que no era el suyo. En el último instante dejó de hacer fuerza para tomar impulso y se desmadejó sobre el respaldo de la butaca. Una lágrima encontró el camino hacia el suelo. Como el anterior, y el otro, y el otro, y el otro, tampoco este iba a ser su año. Palpó la cartera en el bolsillo interior de la americana con los últimos euros para llegar a fin de mes.

Los aplausos para el vencedor seguían llenando todos los espacios. En el escenario, la carísima sonrisa con pómulos de plástico acababa de entregar el trofeo.

Imposible permanecer sentado durante más tiempo. Se levantó con premura entre las muestras de desagrado de sus vecinos de butaca. No tenía disposición, ni cuerpo, para continuar escuchando otro discurso que no fuera el suyo.

Una respuesta para “#SUEÑOSDEGLORIA”

  1. Muy bueno, me ha gustado mucho como lo escribes. A veces los sueños de gloria se difuminana con las pesadillas de la decepción. Lo has descrito muy bien.

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