Niebla

No sé porque huyo, pero lo hago. Corro, oigo sus pasos cerca, sus jadeos, sus gruñidos, es una bestia, me persigue. No puedo verlo, la niebla me lo impide, pero lo siento ahí, a un salto de distancia. El miedo me atenaza… luego, todo oscuridad.

—Por fin has despertado, imbécil.

Conozco esa voz, es mi hermano, pero…

—Cada vez que sacas a pasear al perro te pasa lo mismo. Con tu amnesia anterógrada, olvidas que lo estás paseando. Y con la niebla…

—Algo me perseguía.

—Llevabas al perro con la correa, mientras huías te golpeaste con una farola.

—Pero…

—¡Imbécil!

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